Flaó - tarta de queso de las pitiusas


Mi amiga Glori ha vuelto de sus vacaciones con un regalo en la maleta para nosotros:
Un pastel de queso de ses illes pitiuses. Un flaó.
Aquí va la receta para cuando el invierno apriete y, para nosotros, Formentera sea sólo un recuerdo nublado.

En mi casa se han explicado muchas historias sobre Formentera. Aún en el altillo de algunos armarios están guardados, ahora polvorientos, los chalecos de lana, los tapices, los restos de algún barco que naufragó y que recogieron mientras buceaban.



Ingredientes
Para la masa
- 250gr de harina blanca
- 1 huevo
- una copita de anís
- ralladura de un limón
- 1 cucharada de aceite de oliva
- 65gr de mantequilla
- 2 cucharaditas de levadura
- semillas de anís
Para el relleno
- 4 huevos
- 200gr de azúcar
- 500gr de queso rallado (mitad fresco de cabra mitad de oveja)
- hierbabuena




Hacer la masa, mezclando primero los ingredientes secos y después añadiendo poco a poco los líquidos. Dejar reposar en la nevera unos 30 minutos.
Batir mientras los huevos con el azúcar, añadir los quesos rallados y triturar. Después espolvorear la hierbabuena fresca picada por encima, a trozos no muy grandes.

Extender la masa en un molde como si fuera una quiche y verter el relleno.
En unos 45 minutos a 180º debería estar hecho y dorado.

Hablando de Flormentera, un pequeño texto sobre una historia familiar...

Remember when you were young

you shone like the sun

shine on, you crazy diamond

now there's a look in your eyes

like black holes in the sky

shine on, you crazy diamond



" Aún no sabía manejar bien la vela, pero muchos amaneceres los pasaron bordeando los islotes cercanos y encajando la menorquina en alguna cueva. Seguro que él ya ponía esos ojos de loco que lo acercaron al mar y lo alejaron de los corazones demasiado tiernos.
 
Después de cenar, se sentaba en el taburete de madera de la cocina, con las manos apoyadas en la mesa y ese canuto amarillento de papel arrugado entre los labios. Te miraba un poco de reojo, con los ojos encendidos, como de color naranja.

Se echaba un chorrito de anís en la taza y algunas flores de manzanilla.

Encendía el porro con una calada larga, con los ojos cerrados, como si aspirara una gran bocanada de aire tibio y coloreado, que luego retenía en los pulmones unos segundos en absoluta quietud.

Dejaba ir el humo, cálido como un aliento, entreabría los ojos, y parecía que los tuviera de color niebla.

Entonces, cuando la tetera empezaba a aullar vapor y éste se esparcía poco a poco como una nube por la parte alta de la habitación, entonces, daba otra calada, alzaba la barbilla y, sin mirar a nadie, sin siquiera verlos quizás, dejaba salir un sonido, una nota dulce, rasa y un poco mágica. Una nota plácida que entonaba con el sonido del vapor de agua que salía a volar por el agujero de la tetera. Fuuuuuuuuuhhhh....

A su alrededor, el mundo se hacía silencio. 
No sé si fue esa la época en la que los tripis se llevaron de viaje a algunos de ellos.
Me pregunto cuantas memorias delirantes juegan a escondidas en todas esas cabezas, ahora grisáceas, de mi alrededor.

Un día agarró su violín sin decir nada y se fue a otra parte. 
Porque tenía miedo de volverse demasiado raro, dijeron los demás"


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...La comida que me hace cantar....